(Brenda Chiara. 06/09/2026).- ¿Qué harías si pudieras recuperar una parte del dinero que aportaste para tu jubilación? En un momento de necesidad económica, la respuesta puede parecer sencilla. Pero cuando hablamos de pensiones, las decisiones que tomamos hoy también pueden tener consecuencias muchos años después.
En estas semanas, mientras seguimos de cerca el debate sobre las pensiones en Bolivia, encontré un análisis que me llamó especialmente la atención: “Análisis de la Ley para la Devolución de Aportes realizados al Sistema Integral de Pensiones en Bolivia: Más Perjuicios que Beneficios”, elaborado por Gustavo Marcelo Rodríguez Cáceres, fundador de la Organización Flora Tristán.
El documento analiza la Ley N.º 1392, aprobada en 2021, que permitió de manera excepcional y por única vez la devolución parcial o total de aportes de las cuentas personales previsionales del Sistema Integral de Pensiones, en el contexto de la pandemia del COVID-19.
A primera vista, retirar parte de los aportes podía representar un alivio para quienes atravesaban dificultades económicas. Sin embargo, el análisis de Rodríguez Cáceres propone mirar más allá de ese beneficio inmediato y preguntarnos: ¿qué ocurre con ese dinero cuando deja de estar destinado a nuestra futura jubilación?
Uno de los aspectos centrales del análisis es que retirar recursos de la cuenta personal previsional no significa simplemente retirar un ahorro disponible. Estos recursos forman parte de un sistema destinado a generar una prestación económica durante la vejez.
La normativa establecía que quienes retiraran sus aportes y posteriormente quisieran acceder a determinados beneficios debían reponer los recursos retirados, junto con los rendimientos que estos hubieran generado.
En términos sencillos: lo que se retira hoy deja de generar recursos para el futuro.
El documento advierte además que quienes no repusieran los aportes retirados podrían enfrentar consecuencias sobre su futura pensión, particularmente respecto al acceso a la Fracción Solidaria que complementa la prestación.
Esto plantea una pregunta que continúa siendo relevante: cuando una persona atraviesa dificultades económicas, ¿debería tener que elegir entre resolver una necesidad urgente del presente y proteger su seguridad económica futura?
El análisis también cuestiona que la devolución de aportes pueda ser considerada una medida efectiva de reactivación económica. Según Rodríguez Cáceres, los recursos devueltos no constituían dinero nuevo para la economía, sino recursos que ya circulaban a través del sistema financiero y que pasarían de estar destinados a la inversión a dirigirse principalmente al consumo. Por ello, su efecto económico sería limitado y de corto plazo.
Desde esta perspectiva, una medida que buscaba responder a una crisis en el presente podía terminar trasladando parte de sus costos hacia el futuro de las y los trabajadores.
El propio autor resume esta preocupación de manera contundente al señalar que el Gobierno estaría enfrentando la crisis utilizando el dinero de los trabajadores y sacrificando su “salario futuro”.
En este entendido, hablar de pensiones, entonces, no significa hablar únicamente de cuánto recibiremos cuando dejemos de trabajar. Significa hablar de seguridad económica, protección social y calidad de vida durante la vejez.
El trabajo de Gustavo Marcelo Rodríguez Cáceres nos invita a detenernos precisamente ahí: en aquello que muchas veces no vemos cuando enfrentamos una necesidad inmediata. Porque una pregunta puede parecer sencilla: ¿cuánto dinero necesito hoy?
Pero cuando se trata de pensiones, hay otra pregunta que no podemos dejar de hacernos: ¿Cuánto necesitaré para vivir dignamente mañana?
Descarga el documento AQUÍ.
Fuente foto: Pixabay
